En cuanto a combates feroces, es difícil superar a los Caballeros Templarios. La orden fue criticada a lo largo de la historia por muchas de sus mediocres características. Sin embargo, siempre fueron elogiados por su valentía y coraje.
En el siglo XII, mientras los viajeros cristianos eran atacados con frecuencia en sus viajes comerciales, un pequeño grupo surgió en Oriente Medio y se autodenominó Los Caballeros Pobres del Templo del Rey Salomón, nombre que posteriormente se acortó a los Caballeros Templarios. Inicialmente, la orden tenía como objetivo proteger y defender los viajes y a los nuevos conversos. Más tarde, se convirtió en una fuerza política y militar reconocida en Oriente y Europa.
Los Templarios introdujeron en la historia un nuevo modelo de lucha religiosa. La leyenda del Rey Arturo y la búsqueda del Santo Grial por parte de sus caballeros no tendrían sentido sin los Caballeros Templarios.
Antes de la orden, los caballeros eran considerados matones que vagaban por el país buscando enriquecerse. Los Caballeros Templarios, en cambio, eran monjes que juraban castidad y luchaban por causas nobles, no por dinero.
Además, la disciplina de los Templarios era ejemplar. Vivían según la Regla, que organizaba todos los aspectos de su vida y establecía normas para las guerras. Los Caballeros no debían rendirse bajo ninguna circunstancia. A diferencia de muchas fuerzas cristianas de la Edad Media, estaban bien entrenados y luchaban sin miedo. En la Batalla de Montgisard, durante las Cruzadas, lograron derrotar, ante una fuerza cristiana inferior en número, al gran ejército musulmán de Saladino.
Quizás los Templarios se diferenciaban de los demás caballeros porque su valentía provenía de la devoción a los valores cristianos, donde romper un voto sagrado es peor que morir en batalla. Sin embargo, su disciplina también era resultado de su obediencia a la Regla Templaria, que exige no rendirse jamás a menos que se lo ordenen.
